Nuevos Pasados para Substituir Viejos Futuros

Nuevos Pasados para Substituir Viejos Futuros[1]

El pasado 1 de noviembre de 2019 entramos de lleno en el futuro, tal y como declaraba mi amigo Jaume Prats. Esta declaración rotunda viene a cuento del espacio temporal que enmarcaba Ridley Scott en la mítica película Blade Runner estrenada en 1982 y escrita por Hampton Fancher y David Webb Peoples, basada en parte en otra mítica novela, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?[2] De Philip K. Dick y publicada en 1968. Si, 1968, la década donde absolutamente todo se inventó y conceptualizó.

La distópica visión de Blade Runner queda lejos de la realidad actual. El futuro especifico y tan neo-noir de la película nos traía un mundo congestionado, con androides indistinguibles de los humanos, los famosos replicantes, grandes pantallas en calles estrechas y agobiantes, colonias de producción extraterrestres, y miles de detalles más. Curiosamente esa distopía no fue capaz de acertar la plaga de nuestros tiempos, la portabilidad de las relaciones y las comunicaciones encerradas en un pequeño cacharro, el teléfono móvil y todas sus perversas variantes. En todo caso, el futuro que situaba en noviembre de 2019 la acción de Blade Runner ha quedado totalmente obsoleto.

Siendo un devoto de Blade Runner, película de culto e imprescindible si estudiabas arquitectura a finales de la década de los 80, tengo que confesar mi decepción por que Blade Runner se haya convertido en un viejo futuro, en una visión lejana a los problemas que hoy tenemos.

En revancha me acojo temeroso al futuro descrito por la maravillosa secuela, Blade Runner 2049, que mucho me temo va a acertar bastante al describir un mundo sin vegetación, un territorio muerto, un secarral inmenso. Y al paso que vamos, con muchas probabilidades que este nuevo escenario distópico se convierta en una realidad cotidiana para nuestro hijos, sobrinos o nietos quien los tenga o incluso nosotros mismos, ya que en mi caso llegaré a este supuesto futuro con unos lozanos 84 años. En fin, mejor no pensarlo mucho.

En todo caso, ¿como podemos substituir, o mejor aún, reciclar viejos futuros?

Me gustaría apelar al título de este post.

Quizás los viejos futuros se puedan substituir por nuevos pasados y es que, si de ecología, cambio climático o calentamiento acelerado global de la tierra estamos hablando, y nos sentimos impotentes por sus terribles consecuencias, que no hace falta decir, ya han empezado a percutir en nuestra cotidianeidad, deberíamos rescatar como una guía alternativa ante viejos futuros, uno de esos nuevos pasados en la forma de una de las teorías mas absolutamente radicales acerca de nuestra madre tierra.

Me refiero a la hipótesis Gaia de James Lovelock enunciada al calor de la década de los 60, en 1972[3]

La hipótesis de Gaia es un conjunto de modelos científicos, que no una teoría científica, que engloba la biosfera, en la cual se postula que la vida fomenta y mantiene unas condiciones adecuadas para sí misma, afectando y por tanto en interacción constante con el entorno.

Según la hipótesis de Gaia, la atmósfera y la parte superficial del planeta Tierra se comportan como un todo coherente donde la vida, y no solamente la vida de los prepotentes mamíferos que sobrepoblamos el planeta, sino todo indicio de vida, desde las bacterias hasta el árbol más gigantesco, desde el plancton hasta el gigantesco elefante africano, establece una red de relaciones que aseguran su supervivencia, su componente característico, autorregula sus condiciones esenciales tales como la temperatura, composición química y salinidad en el caso de los océanos. Por tanto, esta hipótesis entra de lleno en las teorías que giran alrededor del concepto de autoorganización y descriptivas de un comportamiento complejo.

La Hipótesis Gaia rompe esencialmente con el supuesto de que la vida, una vez aparecida en la tierra, se fue adaptando a las condiciones existentes, así como a los cambios que se producían en esas condiciones.

Para Gaia, lo que ocurre es totalmente lo contrario, una vez aparecida la vida en la tierra y a partir de unas condiciones iniciales que lo hicieron posible, ha sido la propia existencia de la vida la que ha ido modificando a su favor esas condiciones iniciales y por tanto las condiciones resultantes son responsabilidad y consecuencia de la vida que habita en el planeta.

La hipótesis Gaia dice que la temperatura, el estado de oxidación, de acidez y algunos aspectos de las rocas y las aguas se mantienen constantes en cualquier época, y que esta homeostasis se obtiene por procesos cibernéticos[4] llevados a cabo de manera automática e inconsciente por la biota. La biota es un término que se refiere al conjunto de organismos vivos que habitan en la tierra y es diferente a la biosfera que se definiría como la parte de la tierra en que normalmente existen los seres vivos. La biota y la biosfera tomadas conjuntamente forman parte de Gaia.

La energía solar sustenta estas condiciones favorables para la vida. Estas condiciones son sólo constantes a corto plazo y evolucionan en sincronía con los cambios requeridos por la biota a largo de su evolución. La vida y su entorno están tan íntimamente asociados que la evolución afecta a Gaia, no a los organismos o al medio ambiente por separado.

La hipótesis Gaia no sólo contradecía la mayor parte de los postulados científicos precedentes y ponía patas arriba los modelos teóricos anteriormente aceptados, sino que ponía en entredicho la teoría de la evolución de Darwin:[5] la vida se ha ido adecuando a las condiciones del entorno fisicoquímico. La hipótesis Gaia defendía justamente lo contrario: la biosfera es la encargada de generar, mantener y regular sus propias condiciones medioambientales, de forma que se produce una co-evolución entre lo biológico y lo inerte.

Entre los efectos positivos de la Hipótesis Gaia destaca el nacimiento del Earth System Science, Sistema de las Ciencias de la Tierra, que, si bien estos estudios no son enteramente equivalentes a la Hipótesis Gaia, ambos cuerpos de conocimiento mantienen un acercamiento interdisciplinar para estudiar cómo operan los sistemas naturales a una escala planetaria. Los estudios relacionados con el Sistema de las Ciencias de la Tierra intentan entender las transferencias de la masa y de energía entre los componentes que obran recíprocamente entre los sistemas naturales como la biosfera, hidrosfera, la geografía, la atmósfera, y la troposfera.

No hace falta comentar que actualmente este tipo de estudios están en pleno apogeo con todas aquellas materias que supuestamente tienen algún tipo de influencia sobre el calentamiento global del planeta y los intensos estudios que se están desarrollando sobre la influencia de la actividad humana en el cambio climático. A título de ejemplo es interesante ver el tipo de estudios relacionados con una manera sistémica de entender el planeta que se desarrollan en el ESSP Earth System Science Partnership donde en su página web[6] describen sucintamente su actividad como un conjunto unificado de componentes, procesos e interacciones físicos, químicos, biológicos y sociales que en conjunto determinan el estado y la dinámica del planeta tierra, incluyendo tanto la biota como a los humanos. La ESSP es el estudio del Sistema Tierra, con especial énfasis en la observación, entendimiento y predicción de los cambios del medioambiente global que implican la interacción entre la tierra, la atmosfera, el agua, el hielo, la biosfera, la sociedad, las tecnologías y la economía”.

De todas maneras, la influencia en el cuerpo social, más allá de la comunidad científica, ha sido muy escasa. Por tanto, quizás sea ahora cuando hay que retomar la esencia de la hipótesis Gaia y hacerla accesible a los que todavía se resisten a actuar en contra del calentamiento global. El equilibrio que Gaia propone se ha roto por las costuras y de tal manera estamos torturando el ecosistema que posiblemente, a modo de reacción de supervivencia, Gaia desatará los más impredecibles cambios en su seno, para retomar el equilibrio roto por los humanos.

Antes de que eso ocurra, si no es ya demasiado tarde, ese nuevo pasado, puede ayudarnos a reciclar ciertos maltrechos viejos futuros.

En la imagen un fotograma de Blade Runner 2049, dirigida por Denis Villeneuve y estrenada en 2017

[1] Si bien esta frase no es mía, es de Christopher Clark, y en su contexto la frase aludía a un cierto engaño por parte de la clase política, me gusta una posible versión positiva de la misma para rescatar ideas y conceptos que en su momento no tuvieron mucha repercusión, pero que hoy, revisitados, pueden ayudar a darnos una visión más amplia y propositiva de muchos temas.

[2] DICK, Philip K., ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Editorial Minotauro, Barcelona 2019

[3] La hipótesis Gaia, diosa griega de la Tierra, nombre inspirado por el escritor William Golding, afirma que la tierra se comportaría como un sistema dinámico, autoorganizado y autoregulado. Esta hipótesis se anuncia por primera vez en un artículo de la revista Atmospheric Environment núm. 6[3] en 1972 y posteriormente se amplia y se publica con la colaboración de Lynn Margulis en Gaia, a New Look at Life on Earth[3] en 1979, de nuevo se amplía en The Ages of Gaia, a Biography of our Living Earth[3] en 1988 y finalmente se vuelve a publicar la hipótesis en Gaia, The Practical Science of Planetary Medicine[3] en 1991.

[4] Es especialmente interesante el capítulo Cybernetics en Op. Cit., LOVELOCK y MARGULIS, 1979, pp. 44 a 58.

[5] En el artículo escrito por James W. Kirchner del Department of Earth and Planetary Science de la Universidad de Berkeley, titulado “The Gaia Hypothesis: Fact, Theory and Wishful Thinking” y publicado por la revista Climatic Changes, núm. 52, el año 2002 pp. 391-408, se pondera la supuesta influencia anti-darwiniana de la hipótesis Gaia de la siguiente forma: “los retornos –feedbacks– de la hipótesis Gaia pueden evolucionar por la vía de la selección natural y a la vez generar retornos anti-Gaia. El modelo Gaia asume que cualquier retorno que produce una especie y provoca la mejora de su entorno está creando una ventaja reproductiva al propio portador de la mejora –respecto a otros organismos que comparten el mismo ambiente-. En el mundo real, por el contrario, la selección natural favorece cualquier rasgo que dé a sus portadores una ventaja reproductiva sobre sus no-portadores, tanto si mejora o degrada el ambiente -y por tanto beneficia u obstaculiza tanto a sus portadores como a los no-portadores de la misma forma-. Así las reacciones a favor de Gaia y las reacciones anti-Gaia son ambas probables de que se desarrollen en otros organismos que compartan el mismo ambiente”.

[6] http://www.essp.org/

 

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