Belleza Abrupta

Belleza Abrupta

Lo abrupto, si consultamos el diccionario, tiene dos acepciones.

Si adjetivamos un terreno de abrupto significa que es escarpado, quebrado o de difícil acceso.

Abrupto significa también algo o especialmente alguien áspero, violento, rudo o destemplado.

Ambas entradas del diccionario me sirven para explorar si existe una belleza abrupta, o mejor, si se pueden calificar como bellamente abruptos algunos proyectos recientes que me han llamado la atención, proyectos realizados por arquitectas y arquitectos jóvenes que construyen desde una sensibilidad digamos que escarpada, de acceso conceptual difícil, pero de trazo amable.

Estos proyectos, sin duda escarpados, tienen un atractivo indudable. Te asaltan rudamente en el primer vistazo, pero enseguida despliegan una atmósfera impregnada de belleza.

Tienen algo de un paisaje rocoso y asilvestrado, de cierta violencia anatómica, de estructura geológica.

Quizás lo que más me interesa es precisamente que son proyectos muy anatómicos. Esa relación entre ámbitos espaciales de un edificio íntimamente condicionados, de la misma manera que un codo está condicionado por el peso, los huesos, la musculatura, los vasos sanguíneos y la piel, del antebrazo, y el brazo que los une. ¡Y qué bello!, eso permite un amplio abanico de movimientos.

No obstante, la anatomía se dedica al estudio de la estructura anatómica de los seres vivos. En el caso que aquí me ocupa, hablaríamos pues de anatomía en tanto que estudio de la estructura constructiva.

Los proyectos a los que refiero no son violentos en el sentido agresivo del término, pero surgen de forma inesperada, a bocajarro y no te dejan en paz una vez vistos. Dejan una sensación desconcertante, como de un cariñoso desasosiego.

Eso ya, de por sí, me parece sugerente.

Generan preguntas, interrogaciones, devaneos. ¿Qué más se puede pedir?

Para entender un poco más esta idea de belleza abrupta, voy a citar solamente dos proyectos con los que me he cuestionado el sentido de semejante ocurrencia, pero hay muchos más.

Me refiero a los talleres GON-GAR en Benissanet, Tarragona, de Nua arquitecturas y del Conservatorio Regional en Pradet, una de las antenas del conservatorio de música y danza de Toulon, en el sur de Francia, de Studio 1984.

Y repito, hay muchos más.

No voy a describirlos como suelen describirse los proyectos de arquitectura. Más bien, voy a deslizar impresiones. Enmarcar el porqué de su fuerza impresionante.

La Estructura

Para empezar los talleres Gon-Gar explotan la relación entre elementos portantes. La relación aguerrida entre unas cerchas de madera rehabilitadas y la potencia de una estructura de cerchas de metal que en ciertos momentos juega el papel de alarde estructural. Son estructuras pensadas desde el esfuerzo estático de sus cargas que buscan el esfuerzo espacial de evitar unos pilares que, de existir, romperían la escala.

El Conservatorio Regional en Pradet parte de otros esfuerzos que no son ni el momento flector ni de los esfuerzos a tracción. EL edificio parte del esfuerzo genuino de la compresión de unos muros en piedra portante. Aunque a lo lejos parezca un muro de revoco pintado de color claro, enseguida se aprecian las juntas de unas piezas de piedra arenisca, pierres d’Estaillade, que se obtienen de una cantera que dista apenas unos 15 kilómetros.

Estas obras están emparentadas en la forma, anatómica y áspera, como resuelven el eterno problema de la gravedad en la arquitectura. Emparentadas, según dictan mis impresiones, precisamente en la manera abrupta como resuelven algo tan mágico como soportar un techo.

La Materialidad

GON-GAR exhibe el encuentro entre dos materiales protagonistas que habitualmente no siempre llegan a relacionarse de forma feliz en muchos proyectos. Los talleres son de metal y cerámica, es decir, soldadura y agua, y eso es difícil de ligar.

Al metal le va la soldadura o el remache. La cerámica se liga a través del agua.

No obstante, ambos materiales se enfrentan aquí, se citan y se empadronan en un mismo edificio. El intercambio entre ambos materiales es un desafío equilibrado y que interactúa sabiamente. Sospecho que eso ocurre porque el proyecto no fuerza a que uno domine sobre el otro. Se procede a la ingeniosa estrategia de mostrar un potencial conflicto mostrando ambos protagonistas, justo antes de que entren en la reyerta constructiva.

Se citan desde lejos, buscan pelea, pero no llegan a las manos.

Y esa decisión es muy hábil. Una vez que se entiende provoca una sonrisa cómplice. ¡Qué inteligente! El edificio es crudo, no busca el detalle manierista ni el alarde expresivo y eso redunda en la idea abrupta de su belleza.

El Conservatorio Regional en Pradet establece otra estrategia. El edificio es de piedra y madera. Eso en principio casa mejor, estos materiales se complementan. Pero de la misma manera que en los tallerers CON-GAR, en esa relación no hay vencedores ni vencidos.

El programa de un conservatorio exige una mayor fineza constructiva en el detalle debido a la necesidad de ofrecer unas condiciones muy afinadas de confort sonoro. La piedra es refractaria, no es precisamente un material absorbente que atenúe la reverberación o el rebote descontrolado de las ondas sonoras. Y es ahí donde la madera se vuelve el aliado de la piedra.

Lo fácil hubiera sido crear una caja de madera dentro de la tectónica pétrea, pero se hubiera perdido la oportunidad de disfrutar la piedra en el interior. De ser así, el proyecto se hubiera desdoblado irremediablemente. Piedra por fuera, madera por dentro.

Pero no, también de forma muy inteligente, se permite que la piedra y la madera bailen alrededor del piano. Es como el baile de la bella y la bestia. Coordinados e interdependientemente, ambos danzan aceptando las limitaciones del otro.

Lo pesado, que se antoja tosco y falto de cintura, se deja llevar por lo ligero y orgánico.

Reconozco que esa relación es un ejercicio de fineza y, por tanto, poco abrupta, más bien se declina hacia una relación elegante, pero no se puede negar que hacer bailar unos materiales de características tan dispares no deja de ser una decisión chocante y anatómicamente casi imposible de tal manera que prevalece lo proyectualmente escarpado de la decisión por encima de la indudable amabilidad del resultado.

Toneladas contra kilos y sin perder el compás.

La Escala

Creo que este punto es el más abrupto y el que encuentro más bello de ambos proyectos.

Estoy convencido de que los dos proyectos tienen una relación de escala perturbadora. Quizás sea una estupidez, pero la impresión, es decir, la huella de la presión que los edificios dejaron en mí, es que ambos son proyectos de escala mucho mayor que han quedado comprimidos en edificios de tamaño modesto, de escala suburbana.

Quiero decir con ello que al visitar los edificios y estudiar las fotografías de su interior, en realidad la pericia proyectual que atesoran ambos daba para edificios de tamaño mucho mayor.

La sensación es que los edificios deberían haber sido dos o tres veces más grandes y han quedado jibarizados por un programa y un solar menor en relación a la intensidad de las decisiones proyectuales.

GON-GAR me remite muy rápidamente a la estación intermodal Zaragoza Delicias de Carlos Ferrater y José Mª Valero con Félix Arranz y Elena Mateu, un edificio de 200.000m2 nada más y nada menos. No hace falta exagerar, pero los talleres GON-GAR, en otra circunstancia y en otro lugar, podría perfectamente ser un edificio industrial de 20.000m2 sin despeinarse.

Lo mismo ocurre con el Conservatorio Regional en Pradet. Me llevo a pensar directamente en la Casa da Música de Oporto de Rem Koolhaas, un pepino de 54.000m2. El conservatorio bien podría ser escalarse y ser 5 o 10 veces más grande y estoy convencido de que funcionaria estupendamente.

¡¡¡Ambos son proyectos construidos a escala 1:10!!!

Esa sensación me perturba y me violenta, pero la encuentro muy bella, por supuesto abruptamente bella.

Fin

Fisgando en ambos proyectos, he descubierto otro detalle menor, pero significativo en términos de relación entre ambos. Los talleres GON-GAR fueron nominados al Premio Mies Van der Rohe del año 2019 y el Conservatorio Regional en Pradet lo fue en el 2021.

Hay bellezas que raspan un poco. Bellezas abruptas que atrapan e impresionan, pero bellezas al fin y al cabo.

En la imagen dos detalles de ambas obras donde se aprecia la belleza tectónica de ambos proyectos.

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