Corrientes y Contracorrientes. Las Siete Ecologías

Corrientes y Contracorrientes. Las Siete Ecologías

Nota: tiempo de lectura 11 minutos

El sujeto de la arquitectura y el urbanismo ha sido tradicionalmente lo que solemos llamar la sociedad, desde la mitología clásica que sitúa la primera arquitectura en la forma de un laberinto para encerrar al minotauro y fija a dédalo como primer arquitecto, o la simbólica torre de babel, una especie de arquitectura ciudad infinita, toda construcción arquitectónica o urbana estaba destinada a acoger a los individuos, ya fueran de carne y hueso, o a los dioses y a los mitos.

Así ha sido recientemente.

Sin embargo, desde las teorías contraculturales de los años 70 y, sobre todo recientemente en las últimas décadas, el sujeto de la arquitectura y el urbanismo ha ampliado el foco.

Hoy el sujeto de la arquitectura y el urbanismo es el planeta.

Teniendo en cuenta que tanto la arquitectura como el urbanismo están cimentados en la acción política, me pongo a leer Les Sept Écologies[1] de Luc Ferry, filósofo, investigador y antiguo ministro de Juventud, Educación e Investigación en el gobierno de Jean-Pierre Raffarin, y autor entre muchos otros libros de Le Nouvel Ordre Écologique.

En la introducción, Ferry desgrana las corrientes de la ecología política y marca ciertos puntos de anclaje político en el pasado que adentran sus raíces en las décadas de las contraculturas entre los 60’s y los 70’s.

Dentro de las siete corrientes que identifica Ferry, existe una bifurcación inicial que se encuentra tanto en las categorías de la ecología política de Norteamérica, como de Alemania, los dos orígenes del pensamiento ecologista. Esta bifurcación es propia del pensamiento político que podemos encontrar en cualquier substrato ideológico, la oposición entre el pensamiento fundi y el pensamiento realo, o lo que es lo mismo, los deep ecologist norteamericanos, equivalentes a los ecologistas fundi alemanes, es decir el ecologismo profundo, el ecologismo que no teme a las consecuencias que potencialmente generan las grandes transformaciones necesarias a tomar urgentemente, y los shallow ecologist, análogo al ecologismo de superficie o de corto plazo, que busca tomar las medidas políticas necesarias para reformar y controlar por ejemplo, la polución del agua y del aire, la transición energética, la preservación de entornos naturales, etc. Es decir, una propuesta política realista, confrontada a una propuesta política revolucionaria, vamos, lo que solemos encontrar en cualquier debate de acción política, tanto en las derechas, como en las izquierdas, en los nacionalismos de un lado o del otro, en las teorías económicas y/o sociales de toda índole y condición.

Más allá de esta primera categorización primaria y básica, me parece interesante fijar, de la mano de Luc Ferry[2] las siete grandes familias del ecologismo político que lógicamente abarcan de los más fundi a los más realo.

Sin embargo, quisiera remarcar antes de exponer estos diferentes puntos de vista políticos que lo que expone Ferry no son en absoluto compartimentos estancos. Hay diferentes tendencias ecologistas que van muy de la mano en el discurso ecologista actual, de la misma manera que hay ciertos posicionamientos irreconciliables y absolutamente confrontados, tal como veremos más adelante.

1.- Los colapsólogos: la catástrofe es inminente e inevitable.

Esta corriente, que ha conocido un largo éxito mediático y que ha generado no pocos debates, está liderada entre otros por Pablo Servigne, ecólogo, investigador y conferenciante, Yves Cochet, entre otras ocupaciones fue ministro de medioambiente con Lionel Jospin y eurodiputado por Europa Ecología – Los Verdes, y Aurélien Barrau, filósofo y físico, investigador en el CRNS.

En pocas palabras, la colapsología predice mediante el cruce de datos multidisciplinares a partir de entornos de investigación de excelencia, que el colapso del sistema económico, social, tecnológico y energético, en definitiva, el colapso del mundo tal como lo conocemos, es inevitable, y lo sitúan alrededor del 2030.

El colapso está compuesto por tres etapas, el colapso[3] propiamente dicho, y según las palabras de Yves Cochet enmarcaba este diciendo el colapso de la sociedad mundializada es posible el 2020, probable el 2025 y cierta alrededor del 2030. Lejos de pensar que llega tarde pues ya estamos en el 2021, ¿no es la pandemia que aun nos azota, un colapso fenomenal de nuestra sociedad y el principio del fin de la globalización? Quizás, aunque los casi 4,5 millones de muertos que llevamos de pandemia se quedan cortos en comparación con los 4.000 millones de muertos previstos por los cada vez más numerosos científicos que se abonan al colapso.

La segunda etapa de la colapsología, 2030 a 2040, se centra en el intervalo de la supervivencia, y la tercera etapa prevista, 2040 a 2050 marca el principio de un renacimiento planetario.

2.- El alarmismo reformista: el desarrollo sostenible.

Como antítesis de los colapsólogos, a los que ven como paranoicos del desastre, los lideres del desarrollo sostenible, hoy rearmados bajo el positivo mensaje de la transición ecológica, mantienen el ser humano en el centro y siguen considerando el planeta como el medioambiente, es decir, como aquello que nos rodea y por tanto lo periférico al ser humano.

Estos transicionistas, consideran que todavía es posible seguir creciendo en una economía de mercado si se aminoran los gases de efecto invernadero, se prohíben las sustancias más tóxicas para la salud del planeta que se emplean para la agricultura extensiva o si se van acotando progresivamente las fuentes que polucionan el aire y el agua, léanse los vehículos de combustión que atestan nuestras ciudades o los vertidos industriales y urbanos que vamos sembrando en nuestros ríos y océanos.

No deja de ser lógico que los transicionistas hayan llegado a imponer sus agendas en el amplio abanico político que va de la derecha moderada a la socialdemocracia.

3.- El alarmismo revolucionario: el decrecimiento a toda costa.

Herederos de los Deep Ecologists, los lideres del decrecimiento, tales como Serge Latouche o Jean-Pierre Dupuy, filósofo e ingeniero, profesor de filosofía social y política en Stanford y autor entre otras obras del catastrofismo iluminado utilizan el futuro colapso, en la forma que vaticinan los colapsólogos, como la señal para emprender la revolución del decrecimiento, y al contrario que estos últimos, el colapso incita a poner en marcha la descarbonatación de la industria, el decrecimiento energético, la desglobalización, el decrecimiento de la población mundial, del tiempo de trabajo, de los viajes, del nivel de vida, asumiendo con honestidad que ese decrecimiento debe afectar también a las clases más desfavorecidas.

Los partisanos del decrecimiento asumen una suspensión parcial de la democracia a cambio de aplicar una transición basada en lo que hace años se llamaba downshifting, pero aplicado en todo el planeta y a la vez, hasta conseguir reequilibrar todas las dinámicas que nos llevan al colapso.

Sin duda, el escollo principal es que ese decrecimiento debería darse proporcionalmente en todas las naciones del planeta, lo cual parece muy difícil de conseguir, o se podrá dar ese acuerdo cuando la situación sea mucho más catastrófica. Conociendo al ser humano, el decrecimiento de unos se aprovechara para aumentar el poder de otros.

4.- El Ecofeminismo.

La palabra ecofeminismo se expande a mediados de los años 70 en los Estados Unidos, pero es sin embargo la francesa Françoise d’Eaubonne, quien anticipa el término, cuando lo acuñó en su obra Le féminisme ou la mort en 1974, una utopía literaria muy propia del feminismo de los años setenta.

En pocas palabras el ecofeminismo establece una relación directa e indisoluble entre la opresión contra las mujeres y la opresión contra el planeta, de manera que no es posible la defensa contra una opresión sin tener en cuanta la otra, según la doctora en filosofía por la universidad de Amherst en Massachusetts y catedrática de Estudios Humanísticos en la universidad Marquette, Karen J. Warren.

Dicho esto, la propuesta de una ecología política ecofeminista se fundamenta en que toda práctica feminista debe incorporar una perspectiva ecologista e igualmente al revés, toda acción ecologista debe contener una perspectiva feminista dentro de un marco estructuralmente ético.

El ecofeminismo determina la redefinición de quiénes somos como humanos, a partir del análisis de cómo nos determinan los roles de género y cuáles deben ser nuestras relaciones con la naturaleza en este siglo del cambio climático y la crisis ecológica.

5.-El Descolonialismo.

Una deriva del ecofeminismo intercala en los discursos ecologistas las lógicas de dominación colonial, enmarcando en la misma lucha contra el desarrollo industrial moderno y esencialmente depredador de recursos, las relaciones coloniales heredadas del siglo XIX que saltaron por los aires durante las dos guerras mundiales y que las contraculturas de los años sesenta y sesenta del siglo XX se encargaron intelectualmente de reventar.

En pocas palabras, los discursos del descolonialismo se fundamentan en la noción que el desarreglo descomunal del clima viene aupado por la relación con la historia esclavista de las potencias mundiales, en un primer término, y con las estructuras económicas basadas en una actividad meramente extractivas y favorecedoras del monocultivo en tiempos más modernos.

Estas interacciones entre ecofeminismo y descolonialismo  las encontramos en muchas declaraciones de la conocida Greta Thunberg o más académicamente en la crítica radical contra el desarrollo capitalista de Arturo Escobar, doctor en Antropología social por la Universidad de Barcelona y catedrático de antropología en la universidad de Amherst en Massachusetts y profesor de Berkeley y Cornell, en Estados Unidos o de Malcom Ferdinand, Ingeniero medioambiental, doctor en ciencias políticas por la universidad de París Diderot e investigador en el CNRS en Francia.

En ambos casos, sus investigaciones abren un campo poco presente en la ecología política, donde se amplía la comprensión de la crisis ecológica, política e histórica a la vez, tomando en cuenta la construcción colonial del mundo actual.

Gráficamente, sus reflexiones vienen a convencernos que no podemos resolver, o como mínimo entender la crisis climática, con un ojo tapado, el que no ve el colonialismo. Las oleadas migratorias, por ejemplo, tienen su origen en un contexto sociopolítico de marcado carácter medioambiental, producto de una política colonial feroz, y aunque pueda sorprender, todavía no resuelta y menos aún superada a día de hoy.

6.- El Veganismo

Los veganos, es decir, aquellas y aquellos que no solamente no comen ningún alimento que provenga de algún animal, sino que tampoco consumen ni utilizan ningún bien que provenga de los animales o producto de la experimentación en animales, transformarían el espectro de la producción económica a gran escala, si fueran una mayoría social establecida. Los veganos no se visten con lana, cuero o cualquier otra parte de un animal, ni usan cremas solares, medicamentos o champús testados en animales, por poner solamente unos ejemplos de uso cotidiano.

Este concepto, originalmente fundado por Donald Watson en 1944 cuando creo la Vegan Society, ha ido introduciéndose poco a poco como posicionamiento ético y político, y tiene uno de sus altavoces en la ya mencionada Greta Thunberg, que cataliza en un solo discurso el ecofeminismo, el descolonialismo y el veganismo, junto con otras lógicas políticas ligadas al decrecimiento y el alarmismo revolucionario. Otra voz ligada al veganismo es l’association L214, proclive a mostrar sin ambages, imágenes/denuncia muy truculentas, especialmente las de los mataderos o las condiciones del transporte animal.

De esta manera transforman tres argumentos fundamentales de nuestra sociedad industrial: la salud, el sufrimiento animal y el medioambiente. Denuncian que la ganadería extensiva e intensiva produce tantas o más toneladas emitidas a la atmósfera de gases de efecto invernadero que las emitidas por los sistemas de transporte mundial. Además de la necesidad de consumo de agua potable en una proporción desmesurada que se ejemplifica en el consumo de más de 15.000 litros de agua para producir un kilo de carne de ternera.

Quizás desde la militancia vegana no se puedan resolver las innumerables derivadas del cambio climático, pero si duda, a parte de haberse convertido hoy en día en una opción mainstream, los efectos sobre el medioambiente que ejerce una sociedad carnívora, seguramente, no son para nada marginales.

7.- La Ecomodernidad: Crecimiento infinito y polución 0; la economía circular

En el extremo opuesto de la ecología política del decrecimiento, están los ecomodernos, que abanderan el slogan de crecimiento infinito y polución 0, en una especie de cuadratura del circulo que hunde sus raíces en la economía circular.

La Ecomodernidad apuesta por ir un poco más lejos de los preceptos del crecimiento verde y del desarrollo sostenible, que parecen más bien tibios y que podríamos pensar que abogan por una pseudpo-solución si lo comparamos con un supuesto panorama ideal, seguir creciendo de manera ilimitada, con todas sus evidentes ventajas, si lo comparamos con otros modelos catastrofistas o de marcha atrás, y sin los evidentes y terribles efectos colaterales planetarios, vista la experiencia de los últimos 100 años de modernidad industrial.

Por supuesto esta formula prometeica y que suena a brebaje crece pelo, tiene dos pilares conceptuales sobre los que extender semejante promesa.

La primera idea es la de decoupling en inglés o el découplage en francés, que podría ser traducido casi literalmente como el desacople, es decir, proceder a disociar la idea de que el crecimiento económico, conlleva directamente un mayor consumo de energía o de recursos.

La génesis intelectual de la idea la podemos encontrar en los años 30 de la mano de nuestro Buckminster Fuller, al que hoy lo situaríamos como militante ecologista, y su idea de ephemeralization que no es otra cosa que la idea de hacer más con menos, lo que inmediatamente significa hacer mejor. Idea que relanzo Stewart Brand cuando publico el famoso Whole Earth Catalog[4] en 1968.

Si a este concepto le sumamos la noción de sinergia y visión sistémica, también tan propios del universo Fuller, encontraremos que quizás, y digo solamente quizás, el ingenio humano nos irá llevando paso a paso a una sociedad que se irá acercando al crecimiento limpio, sin que nadie o nada pierda en la ecuación.

De manera más contemporánea la idea de decoupling forma parte de los estudios y los reports del grupo internacional de expertos en recursos naturales auspiciados por el programa de las Naciones Unidas por el medioambiente en los que cabe destacar Decoupling 2: technologies, opportunities and policy options[5]

Para acabar, los estudiosos del decoupling, diferencian el decoupling relativo y el decoupling absoluto. En el Manifiesto Ecomoderno[6], se apoya la idea de que llegaremos a un desacoplamiento absoluto que girará la actual situación medioambiental como un calcetín.

¿Exceso de optimismo?, ¿idea naíf? Quizás si, pero puede entenderse también como una idea posible, y su sola, aunque remota posibilidad de éxito, debería tomarse en cuenta de la misma manera que se toman los otros fundamentos de la ecología política.

Como decía anteriormente el otro pilar de la ecomodernidad es la economía circular. Esta idea que ha calado enormemente en arquitectura y urbanismo y que se extiende cada vez más en el lenguaje coloquial, ya sea expresada desde el desconocimiento o desde el conocimiento práctico, tiene la ventaja que su forma lingüística es su forma conceptual. Hacer circular la materia, aprovechando los desechos de un proceso para alimentar la producción de otros procesos, de forma idealmente infinita, augura un futuro quizás menos sombrío del que todos pensamos al hablar de ecología.

Confluencias

He empezado hablando de corrientes y contracorrientes en el estado actual del pensamiento de la ecología política. Por supuesto, este texto en necesariamente superficial, diría que anecdótico, dada la amplitud y la urgencia de los temas que trata.

De hecho, a título personal, creo que el panorama político tradicional, derecha vs izquierda, nacionalismo vs globalización, esta totalmente superado por el posicionamiento político que tanto personalmente, profesionalmente como socialmente, tomamos en relación al único tema central de la política hoy, la ecología.

Estas siete caras de la ecología política, expresan siete tendencias que preferiría que se comportaran como ámbitos de discusión confluyente y no excluyente. Quiero pensar que todavía es posible hablar y hacer política, y en todo caso o, mejor dicho, en el mejor y único de los casos, toda política es hoy ecología, siempre que se entienda que todas las caras de la ecología política son confluencias hacia una oportunidad común.

Imagen del fotógrafo beninés Fabrice Monteiro de la serie The Prophecy 2015.


[1] FERRY, Luc, Les Sept Écologies, Éditions de l’Observatoire/Humensis, Paris, 2021

[2] Si bien debido al origen de la referencia bibliográfica, los personajes clave son en su mayoría franceses o francófonos, me sigue pareciendo interesante constatar nombre y apellidos para dar la posibilidad de que a algún lector le apetezca profundizar en alguna de las ideas expuestas o alguno de los autores que desfilan por el texto.

[3] Muy interesante la serie de casi ficción L’enffondrement, ambientada en las teorías de la colapsología, escrita por el colectivo Les Parasites, Jérémy Bernard,  Bastie Ughetto y Guillaume Desjardins, nominada al premio Emmy internacional a la mejor miniserie.

[4] Ver https://axonometrica.blog/2014/12/01/whole-earth-catalog/

[5] Se puede descargar en https://www.unep.org/resources/report/decoupling-2-technologies-opportunities-and-policy-options

[6] http://www.ecomodernism.org/espanol

Comments
2 Responses to “Corrientes y Contracorrientes. Las Siete Ecologías”
  1. Francisco José Casas Restrepo dice:

    Miquel:

    Hola. ¡Estupendo artículo -muy equilibrado- que nos ilustra sobre las diversas corrientes existentes acerca de la importancia de nuestro planeta! Gracias por esta estupenda guía. Saludos,

    Francisco José.

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