No Hay Mañana para Tanto Hoy

No Hay Mañana para Tanto Hoy

1.- Sin Perdón

No tenemos perdón.

Todo lo que ocurre hoy en el mundo lo conocíamos con antelación, ya fuera de forma científico-predictiva, ya fuera por alegorías o relatos imaginados.

Hoy vivimos en un circulo vicioso que tiene la forma de Blade Runner, mientras navegamos en Matrix y actuamos en el Show de Truman.

 La crisis climática y el ascenso en paralelo del envenenamiento paulatino provocado por el  aire que aspiramos, el agua que bebemos y los desechos de todo lo que consumimos , la preocupación galopante ante la fragilidad emocional de nuestros adolescentes y no tan jóvenes, el oscuro panorama de los boomers para vivir un retiro digno ganado a pulso, la implosión de un capitalismo de la apariencia que transforma cualquier convencimiento personal o colectivo en un pegajoso puré asentado banalmente en la mera figuración, la desertificación del campo de la cultura pura y dura o el dominio apabullante del sucedáneo de un sucedáneo de lo auténtico, ya era conocido y estaba anunciado en letras grandes y luminosas.

Incluso la pandemia del COVID no deja de ser en cierto sentido, como dice Edgar Morin, la crisis de una concepción de la modernidad fundada sobre la idea de que el destino de la humanidad es la de domar la naturaleza y convertirnos en los señores de la tierra.

No tenemos perdón porque no hay nada que no haya ocurrido hasta hoy que no lo supiéramos con certeza, pero la pereza que da centrarse en lo importante, nos permite refugiarnos en la excitante gestión de lo falsamente urgente.

Más aún, puede llegar a decirse que éramos conscientes de alguna manera de la deriva actual desde que en 1492 empezó la era planetaria, recogiendo la idea y la expresión de Heidegger, aunque si no queremos exagerar, públicamente sabíamos lo que estaba ocurriendo en el planeta en 1985 cuando Carl Sagan compareció ante el Congreso de Estados Unidos y aseveró que «Tendemos a pensar que el asunto de los gases de efecto invernadero es un problema para la gente del siglo XXI, de modo que ya se preocuparán ellos llegado el momento. Lo cierto es que si no actuamos ahora luego será demasiado tarde. Les estamos traspasando a nuestros hijos problemas extremadamente graves, cuando el momento para evitarlos – si es que en realidad pueden evitarse – es ahora»[1]

Así que no hay queja posible.

2.- Las Prisas

Pero llega un momento en que la evidencia se impone al autoengaño.

Un instante atroz donde entendemos que no solamente era el Rey el que iba desnudo, sino que todos estábamos paseando nuestros pellejos éticos sin pudor, mirando a todos los lados posibles, menos al lado del frente.

No es paradójico, todo frente es lado a la vez.

Es durante ese click, ese momento en el que caemos del furioso caballo y nos golpeamos duramente la cabeza contra la realidad, que sobre-reaccionamos.

Y de repente, como recién despertados de una pesadilla, nos afanamos en arreglar y solucionar lo que hoy apenas subsiste en estado terminal, con la vana esperanza, no cargada de cierto hedonismo heroico, de arreglar los inmensos problemas de un inmenso futuro con la mezquina inversión de un mínimo de tiempo presente.

La acción nerviosa e histérica del que se sabe culpable engorda el hoy con una infinidad de soluciones mágicas que deben aplicarse, por supuesto, hoy mismo. De repente, hoy debemos abrazar el veganismo, consumir en términos de ciclo, dejar de emitir todo tipo de gases de forma radical, abandonar el avión, abandonar las ciudades, abandonar el coche, abandonar hoy mismo todo lo que hasta hoy mismo éramos y hacíamos. 

Así de estúpido es el ser humano.

3.- El Error

En un chasquido de dedos queremos rellenar el hoy de tantas soluciones adhoc, de tantos verbos nuevos, de tantos pensamientos sanadores, en definitiva, queremos tanto hoy, que no nos damos cuenta que no va a caber en un mañana.

Con tanto hoy por hacer, no va a quedar ningún mañana plausible o mínimamente digno para todos nosotros. Y no va a quedar ningún mañana, porque, también lo sabemos, los problemas importantes se resuelven con la misma materia prima que los ha creado, el tiempo.

Aspiramos bobaliconamente a resolver en el click instantáneo del hoy todo el tiempo del futuro.

No va ha haber ningún mañana para un hoy tan hinchado de recetas.

4.- El Cambio

Habrá que pensar en otros mañanas, menos diáfanos, menos cómodos, menos cool y más responsables, más éticos y más solidarios.

Con tanto hoy, quizás deberíamos pensar un mañana más dilatado, más amplio, más lleno de constantes y pequeñas incidencias positivas, que de verdaderas transformaciones radicales.

También hay que pensar en la inercia.

La inercia de la sobriedad del gesto y la potencia del pensamiento.

El aumento de la velocidad acorta las distancias, reduce el espacio y acelera el tiempo, pero lleva implícito el accidente.

Quizás pensar en un hoy dilatado permite al mañana digerir la magnitud de un cambio necesario al que solamente podemos apuntar una vez, y acertar.

5.- Del Cambio

Y eso me lleva a una consideración final.

La pregunta clave que muchos lanzan desde la angustia, ¿nos queda tiempo para cambiar radicalmente el mañana?

Pregunta que no deja de ser un falso dilema.

Y es un falso dilema porque la pregunta no tiene respuesta posible. No sabemos si los cambios que el ser humano ha provocado en el planeta son reversibles, ni sabemos si en caso de reversibilidad, cuanto tiempo necesitamos para revertirlos.

En otras palabras, no sabemos ni el qué, ni el cómo, ni el cuando, por lo que inmediatamente el problema se convierte en un falso problema.

Eso, sin embargo, no invalidad la tesis general.

Hemos infringido tal cantidad de agresiones al planeta, que este se revuelve contra nosotros con una dureza apabullante.

Por tanto, la determinación para cambiar la naturaleza de status quo no solamente no se debe diluir en un tiempo dilatado, sino todo lo contrario, debe tomar una dimensión todavía más energética para darle la vuelta como a un calcetín a un mañana que amanece más y más catastrófico.

Lo que intento explicar es que para realmente incidir radicalmente en la situación actual y futura, no podemos permitirnos la precipitación, que solamente nos llevará a empeorar un problema constatado. Y la arquitectura y el urbanismo deben ponerse en primera línea de cambio, porque otra cosa no, pero perdurar, lo que se dice perdurar, eso lo tienen de sobras ambas disciplinas.

Pensemos que somos la única profesión que ha quedado al margen de la obsolescencia programada.

Lo que me interesa reflexionar en definitiva es que, para una transformación tan radical y necesaria como la que imaginamos, necesitamos de los dispositivos adecuados para que aquello que cuestionamos, de cabida a lo incómodo, lo extraño y lo diferente.

Tres cualidades que van intrínsecamente relacionadas con la innovación, el cambio y la transformación.

 En la imagen la obra de Anish Kapoor Decent into Limbo, donde el artista empezó a investigar sobre el color negro hasta llegar a comprar los derechos para toda obra artística del color Vantablack de la empresa Surrey NanoSystems capaz de absorber el 99,965% de la luz.  https://anishkapoor.com/75/descent-into-limbo


[1] Ver algunas de las afirmaciones de Carl Sagan aquí: https://es.noticias.yahoo.com/carl-sagan-intervencion-congreso-estados-unidos-1985-gases-invernadero-201327773.html?guccounter=1

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