Esquinas de Aire

 Esquinas de Aire

Hace poco me preguntaron por mi esquina preferida en una charla con Adrián Gasparoni para Beat Revista. Me vinieron como un torrente imágenes de esquinas queridas, esquinas muy construidas, esquinas rotas como las que hacía Coderch al emplazar justo en el encuentro entre dos muros una ventana con dos planos de vidrio perpendiculares, y por supuesto me vino a la cabeza la esquina de aire que Alberto Campo Baeza realizó para las oficinas de la comunidad de Castilla y León en Zamora.

Me detengo un momento es esa esquina de Campo Baeza y en su exquisita resolución.

En realidad, el proyecto de Zamora son dos esquinas, una de piedra y otra de vidrio, literalmente, piedra y vidrio. Ese dialogo entre esas dos esquinas es una de las delicias del proyecto.

El edificio se sitúa en la cara opuesta a la catedral de Zamora, pero prefiero que sea el mismo Campo Baeza quien describa su proyecto, frente a la Catedral, siguiendo las trazas del huerto del antiguo convento, levantamos una fuerte caja de muros de piedra abierta al cielo. Todos los muros y el suelo en piedra. Con la misma piedra que la Catedral. Un verdadero Hortus Conclusus. En la esquina que mira a la Catedral, una piedra mayor, de 250x150x50 cm, una verdadera Piedra Angular. Y cincelado en ella: HIC LAPIS ANGULARIS MAIO MMXII POSITO.

Dentro de la caja de piedra, una caja de vidrio, toda en vidrio. Como si fuera un invernadero. Con una fachada doble. La piel exterior de esa fachada se hace con vidrios de una sola pieza de 600×300 cm. Unidos todos con sólo silicona estructural, sin casi nada más. Como si estuviera todo hecho de aire. En los ángulos superiores de esta caja, aparecen los triedros completos de vidrio que hacen más visible si cabe la buscada transparencia. Lo que Mies buscaba en su torre de la Friedrichstrasse. El triedro construido con aire, un verdadero Vidrio Angular. Y gravado al ácido en el vidrio: HOC VITRUM ANGULARIS MAIO MMXII POSITO.[1]

Recomiendo acercarse al proyecto ya sea en vivo o en su defecto, a través de su web y dejarse mecer por la fina brisa de los detalles del arquitecto vallisoletano.

Sea cual sea la razón, siento una especial inclinación por Alberto Campo Baeza, por su manera en como recorre en cada uno de sus proyectos una simplicidad compleja, o lo que por este blog he venido a llamar el principio de simplejidad.[2]

Ya sea en Campo Baeza o en cualquier bella esquina urbana de cualquier ciudad o en tantas otras bellas esquinas que ha forjado la arquitectura, la resultante es un espacio convexo. No creo que tenga que aclarar que estamos hablando siempre desde la lectura exterior de la arquitectura o del tejido urbano, desde la intemperie. Por supuesto toda esquina convexa en un exterior se transforma en cóncava en el interior.

Hay evidentemente esquinas cóncavas en la arquitectura, pero son esquinas que no definen la ruptura del exterior respecto del interior, sino más bien, definen la continuidad en dos planos que se encuentran. Definen por así decirlo el exterior con el exterior.

Retomando el principio del texto, no fue sólo eso lo que me vino a la cabeza a partir de la pregunta de Adrián Gasparoni. En la preparación de la entrevista, caí en la cuenta que en Barcelona contamos con el prodigio de un sinfín de esquinas cóncavas.

Efectivamente con el humilde gesto de cortar las esquinas de la malla del ensanche barcelonés a 45 grados, y repetir simétricamente esta acción en los dos ejes de la malla, Cerdà consigue en cada eje, tanto el vertical como el horizontal, crear una esquina urbana cóncava compuesta por cuatro esquinas convexas.

Además, gracias al rigor matricial de la trama urbana, al converger ambas esquinas cóncavas, surge un espacio de unos 2.000m2 que crean una pequeña plaza en el encuentro de las calles perpendiculares, tal y como se esta comprobando en estos últimos años con la feliz aparición de las superilles.

El cuadrado girado respecto a las fachadas principales de cada manzana del ensanche permite entender que la ciudad te acoge, te abraza, incluso aunque las calles estén dedicadas al tránsito rodado. Es una especie de hug urbano construido por 4 esquinas de aire, las esquinas virtuales que nacen al proyectar las fachadas perpendicularmente y que físicamente se configuran a partir de 8 esquinas a 135 grados.

Contrapongamos este modelo de crear esquinas cóncavas ideada por Cerdà a la práctica totalidad de ensanches o tejidos urbanos matriciales que conocemos. Recorramos con la memoria por un momento cualquier esquina convexa de Manhattan. Imaginemos ahora que al bloque alargado de 80 metros por 274 metros característico del tejido urbano de la famosa isla de Nueva York, le cortamos a 45 grados las esquinas. Sin duda Manhattan no sería lo mismo, ni tan siquiera la morfología del bloque alargado admite fácilmente ese tipo de cortes.

Manhattan es un tejido urbano que te expulsa constantemente, sus aristas, sus alturas imposibles, sus superficies reflectantes, te devuelven la imagen y te expulsan de cualquier intento de interioridad. Te llevan fuera de la ciudad. Manhattan te exterioriza.

Hay un mensaje subliminal en Manhattan que te interpela directamente. Te provoca, espetándote en la cara algo así como si no eres lo suficientemente duro para aguantarme, mejor te largues… muy en la sintonía prepotente del aforismo newyorker por antonomasia, the second is the first looser. Nueva York no es una ciudad de primera, es la primera.

Manhattan es masculina, es desafiante, es despiadada, es en definitiva convexa.

Barcelona es femenina, regular, mediana, es en definitiva cóncava.

Manhattan no permite que sea el aire el que construya la esquina, sin embargo, la confluencia de las calles del ensanche barcelonés se configuran a partir del aire de las cuatro esquinas virtuales, del cuadrado girado, una vez prolongados los cortes a 45 grados de cada bloque.

Se podría decir que Barcelona tiene como alter-ego a Manhattan, una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, las dos caras de una misma moneda. Quizás por eso amo tanto mi ciudad, Barcelona y me apasiona tanto Manhattan.

Entre ambas polaridades, la diferencia es la esquina.

En la imagen, una de las esquinas de aire de Alberto Campo Baeza para el proyecto de oficinas en Zamora. Foto Javier Callejas.

[1] Ver el texto de Campo Baeza en su web https://www.campobaeza.com/offices-zamora/ y también otro texto muy corto en https://www.campobaeza.com/wp-content/uploads/2015/01/2015_ACB_Varia-Architectonica_07-La-esquina-de-aire.pdf o en CAMPO BAEZA, Alberto, Varia Architectonica, Editorial Mairea Libros, Madrid, 2016

[2] En el texto, Simplejidad, más allá de la ocurrencia del “palabro”, contraponía a la complejidad esencial de Siza, la complicación vacía de Gerhy. Ver https://axonometrica.blog/2016/10/17/simplejidad/

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